SERVUS HISPANIARUM REGIS



jueves, 10 de julio de 2014

EL REAL SITIO DE SAN LEUCIO: UN SUEÑO ILUSTRADO HECHO REALIDAD


Entre las realizaciones venturosas del reformismo borbónico en el Reino de Nápoles, destaca la creación de Real Sitio de San Leucio, en tierras de Caserta, y sus manufacturas textiles vinculadas a la seda. Un noble empeño por parte del rey Fernando IV quien se expresaba así en los Estatutos para la nueva fundación:

"...Pensai allora di rendere quella popolazione utile allo Stato e alle famiglie: utile allo Stato, introducendo una manifattura di sete grezze, operando in seguito, in modo da portarla alla migliore perfezione possibile, tale da poter col tempo servire da modello ad altre più grandi; utile alle famiglie, alleviandole dai pesi che ora soffrono e portandole ad una condizione di agiatezza da non poter piangere miseria come finora è accaduto, togliendosi ogni motivo di lusso con l’uguaglianza e semplicità nel vestire...".


En los años 60 del siglo XVIII, Fernando IV eligió la zona de San Leucio mientras se ultimaban los trabajos en el Palacio Real de Caserta. Al joven Soberano le complacía residir en Caserta porque en los alrededores había abundante caza. 
Sin embargo el Soberano escribía en su diario: "...En el magnífico palacio de Caserta, iniciado por mi augusto padre, continuado por mí, no puedo encontrar el silencio y la soledad adecuados para la meditación y el reposo espiritual; preciso otra ciudad en el centro del campo, con las mismas ideas de lujo y magnificencia de la capital, de modo que, en busca de un lugar más aislado y que fuese casi solitario, me encontré con el cerro de San Leucio el cual juzgué ser un lugar adecuado. De ahí el origen de la colonia...".
Establecido en San Leucio, en 1773 ordenó la construcción de un lugar de descanso durante la actividad venatoria, llamado “Vaquería”. En 1778 tuvo lugar allí un trágico suceso: la muerte del el príncipe heredero Carlos Tito.

La pareja real, Fernando IV y maría carolina, desconsolados, abandonaron el sitio. Pero incluso a esta situación el Rey decidió sacarle un lado positivo. Cerca de la Vaquería estaba el viejo palacete de caza de los Condes de Acquaviva. La idea de Fernando fue genial. Encargó al arquitecto Francesco Collecini, discipulo de Vanvitelli, ampliarlo y convertirlo en un Palacio Real, el Belvedere, que se convertiría en un gran centro de manufacturas textiles, una ciudad-industria con obreros, ordenanzas y normativas de trabajo. El proyecto se realizaría con la construcción de un núcleo urbano que se llamaría Ferdinandópoli, concebido sobre una planta completamente circular, con un sistema de calles radiales y una plaza en el centro donde se hallaría el Palacio Real. Sin embargo no se realizaron más que los barrios cercanos al Belvedere.
Vista general del Palacio e hilaturas de San Leucio
Foto: www.realcasadiborbone.it/

Las primeras hilanderías se instalaron en el mismo edificio del Palacio Real del Belvedere. Después, en 1805, se edificó la Hilandería de los Cipreses, ampliada en 1823 con una estancia superior para custodiar los capullos de los gusanos de seda. En el edificio estaban las viviendas del administrador de la empresa y del párroco, la escuela, los talleres para hilar y tratar la seda, las habitaciones de la tintorería, la vivienda de la maestra y del director de las máquinas.
El Rey quiso obreros bien formados para las hilanderías, y lo organizó todo con tanta persistencia que creó una especie de Ciudad-Estato con reglas y ordenanzas. Fernando IV expresó su interés por la educación de los hijos de los obreros, su cuidado y la serenidad para trabajar sin problemas puesto que cada mujer y cada hombre vivan con dignidad sin dejarse llevar por el ocio, que es a fin de cuentas el padre de los vicios.
San Leucio fue un lugar nuevo para forjar una sociedad nueva y justa
Foto: www.realcasadiborbone.it/
Fijaba reglas de vida y trabajo comunitario que hicieron de San Leucio un verdadero experimento ilustrado revolucionario, al estilo de lo que propondrían después los socialistas utópicos.
Este paternalismo propio del despotismo ilustrado concordaba muy bien con el espíritu de Fernando IV. El Rey escribió: "...Estas ordenanzas deben ser observadas por los habitantes de San Leucio, que a partir de ahora deben considerarse como una familia. Es lo que aquí me propongo, más en la forma de un Padre que educa a sus hijos que como un legislador controlando a sus súbditos...". 
Palazzo del Belvedere en San Leucio
Foto: Giuseppe Nuzzo
Se trató, sin duda, de un experimento social ilustrado de absoluta vanguardia en el mundo. Un modelo de justicia e igualdad social raro en las naciones del siglo XVIII y que no se ha vuelto a repetir genuinamente ni siquiera en las posteriores revoluciones liberales o marxistas de la Edad Contemporánea. En San Leucio se puso en práctica un código de leyes sociales particularmente avanzado, inspirado en las enseñanzas de Gaetano Filangieri y transformados en leyes por Bernardo Tanucci. Fernando IV tenía una especial preferencia por San Leucio y a menudo organizaba allí partidas de caza y fiestas compartidas con la propia población de la colonia
Las ordenanzas eran minuciosas y regulaban la vida diaria:
Igualdad: «Nadie tiene que diferenciarse de los demás a excepción de en la ejemplaridad de modales y excelencia en la artesanía.»
Bodas: edad no inferior a los 20 años (hombres) y a los 16 años (mujeres) y sobre todo: «los padres no deben mezclarse para nada en los asuntos de los jóvenes, ya que es su libre elección.» La dote quedó abolida por el Soberano que se interesaba personalmente por ella.
«El objeto de esta sociedad es que todos sean capaces de permanecer aquí»: las leyes eran rigidas para quien se casaba fuera porque tenía que dejar la colonia. Para los hombres que se casaban con mujeres “extranjeras” que querían vivir en San Leucio la regla era que, en primer lugar, éstas tenían que aprender el oficio.
Instrucción: obligatoria «para llegar a ser un buen hombre y un buen ciudadano
Salario: según el mérito que «disfrutamos aquí de los mejores artistas nacionales y extranjeros.»
Herencia: la única sucesión era de padre a hijo. Cuando faltaban los herederos, los bienes se destinaban al Monte de Piedad de los Huérfanos.
Gobierno: elección democratica por los jefes de familia de 5 entre los más sabios y prudentes.
Medídas sociales: casa de los enfermos, caja de la caridad subvencionada con una tasa sobre el rédito y libres aportaciones, que cuidaba a los desventurados hasta el entierro, que incluia los sufragios religiosos. Lucha contra los evasores a quienes se les exponía al desprecio público.
Justicia: se ejercía en régimen interior;  expulsaba en caso grave y llamaba a la justicia estatal en crímenes penales comunes.
Trabajo: la jornada de trabajo era de 11 horas diarias. En esa misma época los obreros ingleses tenían menores ganancias y trabajaban durante 16 horas diarias, incluidos los niños. En San Leucio, además, no existía diferencia en el salario entre hombre y mujer.
Fernando IV de Nápoles
Cuando se comenzaron a construir los nuevos edificios el proyecto se interrumpió a causa de la revolución de 1799, de la ocupación napoleónica de Italia y del nacimiento de la República Partenopea. Todavía durante el gobierno francés de Joaquín Murat desde 1808 a 1815, San Leucio prosiguió su desarrollo industrial.
Después de la Restauración el proyecto de la nueva ciudad se descartó, pero continuaron ampliándose industrias y edificios, entre ellos el Palacio del Belvedere.
Después de 1860, tras la invasión piamontesa-garibaldina, el Real Sitio quedó abandonado y se intentó borrar su memoria. Las 780 flores de lis de plata dorada que formaban parte de la magnífica decoración del Salón del Trono del Palacio Real de Nápoles, que salió de esa planta, fueron incautados por parte de los funcionarios de la Casa de Saboya y quemados el 14 de septiembre 1861. Las 20 libras de plata obtenidas de aquella infame acción fueron vendidas por un puñado de ducados.
Hace escasas fechas, en el Sitio Real de San Leucio, tenía lugar un desfile conmemorativo de aquellos tiempos dorados, el "Corteo Storico". He aquí algunas imágenes del mismo.


El Estandarte de la Real Colonia de San Leucio
Foto: Giuseppe Nuzzo



El Estatuto de San Leucio 
Foto: Giuseppe Nuzzo


El arquitecto Collecini con los planos de la fundación borbónica 
Foto: Giuseppe Nuzzo


Las ricas telas elaboradas en San Leucio Foto: Giuseppe Nuzzo


La Cassa di Carità  para socorrer a los desfavorecidos
Foto: Giuseppe Nuzzo


Los reyes de Nápoles, Fernando IV y María Carolina 
Foto: Giuseppe Nuzzo



La Escolta Real
Foto: Giuseppe Nuzzo



Alegres danzas dieciochescas Foto: Giuseppe Nuzzo


Evviva 'o Rre'!!!
Foto: Giuseppe Nuzzo
En San Leucio, en el interior de la fábrica originaria del rey Fernando IV, el Palacio del Belvedere, tiene hoy su sede el «Museo de la seda» que conserva algunas maquinarias originales, aún en funcionamiento, para la elaboración de la seda. Se muestran todas las fases de la producción de la seda con los antiguos telares restaurados y activos accionados por una rueda hidráulica colocada en los subterráneos del palacio. En  el Palacio Real no quedan, sin embargo, muebles dignos de aquel esplendor.
La calidad de las sedas de San Leucio es recordada hasta el día de hoy, así como lo que supuso de experimento social de justicia e igualdad.
En la actualidad el Belvedere de San Leucio es sede de la facultad de Ciencias Políticas de la Seconda Università degli Studi di Napoli. Desde 1999 se desarrolla durante los meses de verano en San Leucio el «Leuciana Festival».

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