SERVUS HISPANIARUM REGIS



martes, 13 de octubre de 2015

FRANCISCO I DE FRANCIA, EL ETERNO RIVAL DE CARLOS V

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Armas de Francisco I de Francia
Diseño Katepanomegas

Francisco I nació el 12 de septiembre de 1494 en Cognac (Charente). Su nombre le viene de su padrino, Francisco de la Rochefoucauld. Su padre Carlos de Angulema, al cual Francisco nunca conoció, era primo del rey Luis XII de Francia y el hijo menor de la duquesa de Milán, Valentina Visconti (1368-1408). Francisco pertenecía a la rama Valois-Angulema de la dinastía de los Capeto.
Sin herederos, Luis XII hizo llegar a la corte de Amboise al pequeño Francisco, acompañado de su madre Luisa de Saboya y de su hermana mayor Margarita. Fue en ese castillo y a orillas del Loira donde creció Francisco.
Luisa de Saboya, viuda a los 19 años en 1495 cuando Francisco no tenía más que dos años, crió sola a sus dos hijos. Ya de niño, se rodeó de compañías que conservarían su influencia hasta su vida adulta, tales como Anne de Montmorency, Martin de Montchenu, Felipe de Brion y Roberto de La Mark, señor de Fleuranges.
Cuando Francisco accede al trono en 1515, tiene 20 años y la reputación de ser un humanista. Elige como emblema la salamandra y el mote "Nutrisco et extingo" ("Alimento y extingo"), por la creencia en que la salamandra era capaz de avivar el fuego y de apagarlo.
Su entrada solemne en París, el 15 de febrero de 1515, marca el tono de su reinado. Vestido con un traje en tela de plata e incrustado de joyas, lanza monedas a la multitud desde su caballo.
El célebre retrato de Francisco I pintado por Jean Clouet
El contacto entre la cultura italiana y francesa durante el prolongado período de las campañas de Italia introdujo las novedosas ideas del Renacimiento en Francia en el momento en que Francisco recibía su educación. Muchos de sus preceptores, entre los que se destacaron François Desmoulins, su profesor de latín, el italiano Gian Francesco Conti y Christophe Longueuil, inculcaron en el joven Francisco una enseñanza profundamente inspirada por el pensamiento humanista del Renacimiento italiano. La madre de Francisco estaba interesada también en el arte renacentista y transmitió esa pasión a su hijo, el cual, durante su reinado, dominó la lengua italiana a la perfección.
A la llegada al trono de Francisco I, las ideas del Renacimiento se habían difundido en toda Francia, siendo el monarca uno de los continuadores de esa difusión. Encargó numerosos trabajos a los artistas italianos, a los que hace viajar a Francia. Entre ellos destacarán Andrea del Sarto y Leonardo da Vinci. 
Francisco I manifiestó un verdadero afecto por Leonardo, al que llamaba «padre mío» y a quien instaló en Clos Lucé, a poca distancia del Palacio Real de Amboise. Leonardo aportará sus más célebres obras, tales como La GiocondaLa Virgen, el Niño Jesús y Santa Ana y San Juan Bautista. El rey le confía diversas misiones, como la organización de las fiestas de la Corte en Amboise, la creación de trajes y el estudio de diversos proyectos. Da Vinci permanecerá en Francia hasta su muerte, en los brazos del rey según una leyenda puesta en duda por ciertos documentos históricos.
Francisco I está considerado como el monarca emblemático del período del Renacimiento francés ya que, durante su reinado, permitió un desarrollo importante de las artes y las letras en Francia.
La salamandra, emblema de Francisco I. Azay le Rideau.
Foto: Myrabella

Medio testón de plata con la efigie de Francisco I
Foto: Louisonze
En política exterior destacó su interés, como sus predecesores, por los asuntos de Italia. Al frente de un ejército de 40.000 hombres obtuvo la victoria en la Batalla de Marignano, triunfo que, acompañado de los tratados de paz subsiguientes, otorgaron a la monarquía francesa una estabilidad en su frontera con los cantones suizos que se prolongó hasta 1792. Aunque la victoria de los franceses consiguió la cesión del Milanesado, provocó la desestabilización del equilibrio de fuerzas en Europa y la intervención posterior del emperador Carlos V en Italia.
Francisco I en la batalla de Marignano
Varias guerras les enfrentaron por la posesión de Italia, en la primera de las cuales Francisco I fue vencido y hecho prisionero en la Batalla de Pavía (1525), viéndose obligado a firmar el Tratado de Madrid (1526), por el cual renunció a sus derechos sobre importantes zonas de la península itálica (Milanesado, Génova, Nápoles) y otros territorios vecinos del reino de Francia (Borgoña, Artois, Tournai y Flandes).
Francisco I estuvo prisionero en la Torre de los Lujanes, en actual Plaza de la Villa de Madrid, hasta su liberación tras la firma del tratado.
Tras un nuevo conflicto, en 1529, se firma una nueva paz: la de Cambrai o de las Damas, pacto así llamado porque fue negociado y firmado por Luisa de Saboya y Margarita de Austria, madre y tía, respectivamente, de los reyes en discordia. Una de las cláusulas de dicho tratado establecía que Francisco I, ya viudo, se casaría con la archiduquesa Leonor de Castilla, reina viuda de Portugal. Este matrimonio estrictamente político se celebró el 5 de agosto de 1530 y no tuvo descendencia.
Posteriormente, en 1538 se firmó la Tregua de Niza, a la que siguió, en 1544, la Paz de Crépy, que puso fin a las luchas entre Carlos V y Francisco I. 
Francisco I implantó en Francia las bases de lo que más tarde sería el absolutismo monárquico y fue protector de las ciencias y las artes. Fundó el Colegio de Francia y la Imprenta Real y ordenó iniciar la construcción del palacio del Louvre. Gobernó casi como rey absoluto, sin convocar los Estados Generales y vivió con gran ostentación durante su reinado.
Entrada en París (1540), de Francisco I, Carlos V y el cardenal Alessandro Farnesse
Además de las guerras contra Carlos V, comenzaron las manifestaciones de intolerancia hacia los protestantes en Francia (conocidos como hugonotes), lo que sería el origen de las cruentas guerras de religión que devastaron el país en las décadas posteriores. 
Su reinado permitió a la nación francesa ejercer un papel importante en los asuntos europeos y colocarse como una potencia económica de primer orden.
Basílica de Saint Denis urna di francesco i.jpg
Urna con el corazón de Francisco I en la Basílica de Saint Denis
Foto: Sailko
En el plano militar y político, el reinado de Francisco I estuvo plagado de guerras y de importantes acontecimientos diplomáticos. Tuvo un rival poderoso en la figura del emperador y rey de España Carlos V y debió contar con los intereses diplomáticos del rey Enrique VIII de Inglaterra, siempre deseoso de posicionarse como aliado de uno u otro bando. Francisco I registró éxitos y fracasos, pero no le permitió a su enemigo imperial concretar sus planes, cuya realización comprometería la integridad del reino. Los esfuerzos de los dos soberanos católicos en combatirse el uno al otro acarrearon pesadas consecuencias para el Occidente cristiano al permitir que el Imperio Otomano se apoderase de la casi totalidad del Reino de Hungría y llegase hasta las puertas de Viena.
La vida disoluta de Francisco I inspiró a Víctor Hugo a escribir una obra teatral «El rey se divierte» estrenada en 1832 y duramente atacada por la censura. Giuseppe Verdi, inspirado a su vez en la obra de Victor Hugo, compuso su ópera Rigoletto (1851), donde Francisco I es llamado el Duque de Mantua y su bufón Triboulet, Rigoletto.
Casado en primeras nupcias con Claudia de Francia, lo sucedió el hijo de ambos, Enrique II.
Francisco I falleció en Rambouillet el 31 de marzo de 1547.

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